Nieve y botellas en Harvard

nieve.harvardNieve y botellas en Harvard

Por Rafael Salas Vázquez

 

“Un emprendedor ve oportunidades allá donde otros sólo ven problemas” Michael Gerber

 

En los primeros días de febrero de 2013, recibí en mi correo institucional y en mi celular la alerta de que se avecinaba la peor tormenta de nieve que haya azotado la costa noreste de Estados Unidos desde la era de hielo. La verdad después de haber visto los estragos de la súper tormenta Sandy y de haber presenciado el año más caluroso en la historia de la humanidad (2012) tomé todas las precauciones posibles, pues al parecer, esta tormenta de nieve (llamada Nemo) vendría con todo, y así fue.

Nemo cayó con fuerza en toda Nueva Inglaterra, y no hubo posibilidad de comunicarse ni salir de casa hasta que pasara la tormenta. Cuando la calma regresó, pude ver un paisaje hermoso, completamente inhóspito y blanco. La nieve había alcanzado casi dos metros de altura, todo se había paralizado. Los vuelos cancelados, las calles cerradas, la gente encerrada. Pero en la mañana del día siguiente a la tormenta el sol resplandecía con toda su magnificencia, ante eso tuve una revelación: construir con botellas y nieve.

Brinqué de la cama, dejé una nota a mis roomies, salí entusiasmado del departamento y caminé hacia Harvard Yard, pues sabía que ese era el lugar idóneo para construir la primera estructura de nieve y botellas del mundo. Postee en Facebook mi idea para invitar a más compañeros de clase y amigos a sumarse, junté la mayor cantidad de botellas que pude en el camino y comencé a trabajar justo frente a la emblemática estatua de John Harvard.

De repente, como caídos del cielo, un par de recolectores de botellas que las intercambian por dinero en máquinas especiales se abrieron paso entre la nieve pues empujaban con gran esfuerzo un carro de supermercado atascado de botellas de vidrio. De inmediato los intercepté y les pedí que me vendieran sus botellas. Ramón y Carlos saltaron de gusto al saber que ya no tendrían que seguir caminando hasta el depósito donde las comercian (a más de 3 horas caminando) y decidieron vendérmelas y ayudarme a construir.

Conforme el día avanzaba más voluntarios llevaron botellas de otros colores y tamaños; nadie podía creer que tal espectáculo se estuviera haciendo en plena nieve, a menos 12 grados centígrados y con un material tan común, pero poco explorado como las botellas. La obra efímera artística colectiva la culminamos a las 5pm, ya había oscurecido, entonces decidimos iluminarla con velas y eso llamo la atención de más y más personas, pues el vitral de nieve y botellas brillaba tanto que nadie perdió oportunidad para retratarse y disfrutar la obra que titulé “Esperanza en la juventud”.

La moraleja de esto es que, mientras unos vieron la tormenta como una maldición, yo la vi como la oportunidad de hacer algo sorprendente y seguir Embotellando al Mundo. Y al parecer, se ha creado una nueva tradición en Harvard, pues para este invierno construiremos algo más grande y hermoso.

Eso es lo que creo que sintetiza el liderazgo de un joven. Atrévete a romper paradigmas y a creer creando, como dijera Santiago Pando.

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